
Quiero compartir con el mundo un sentimiento (y porqué no una confesión) que me acompaña desde hace años: nunca quise ser nada.
Cuando teníamos 10 años, todos sabían que harían de grandes. Maestros, doctores, abogados, veterinarios. Por más que no se concretara, querían ser algo. Soñaban con algo.
Bueno, yo nunca lo tuve. Nunca dije "quiero ser una enfermera", "quiero tener 28 hijos y todos varones", ni nada por el estilo.
Es algo que siempre me llamó la atención. No es que no tuviese sueños, pero nunca me puse a pensar demasiado de qué voy a trabajar y qué voy a hacer con mi vida. En este momento siento que hago las cosas por inercia y espero.
No se decir bien qué espero, pero sé que se aproxima algo.
Quizas una oportunidad, o una clave que me indique qué hacer con mi vida.
Porque a veces siento que todo lo que uno hace es un sinsentido,
que son excusas para llenar el tiempo.
Todas estas convenciones que rigen la vida,
no tienen un fundamento.
Y a veces, siento, nos entretenemos en el camino,
para no ver el final. Lo último en la fila.