miércoles, 12 de octubre de 2011

me quiero ir,
no se bien adónde.

Quiero el verde azulado de sus ojos,
y quiero el horizonte limpio,
y prolijo
de mis años de niñez.
Cuando todo era simple,
cuando las sonrisas duraban minutos,
cuando reía hasta el dolor de panza intenso,
Cuando no conocía los problemas,
no había visto ataúdes,
ni salas de hospital.

Quiero la inocencia intacta,
del pelo suelto
y las nubes con formas.
Me ahogo,
y lloro.

Quiero un pasado, y sólo tengo futuro.
Quiero una espalda firme, y sólo tengo recuerdos.
Lloro,  y pienso en que todo es sueño.
Lloro, y me despierto de un día nuevo,
siempre es de mañana,
siempre un sol entre ojos.
Extraño lo que no tengo,
y me cuesta valorar lo que hoy tengo
y pronto voy a extrañar.

Lloro
y soy puros ojos de tristeza,
un corazón caliente de miedo.
Lloro porque los finales siempre tienen el miedo en potencia,
y porque contagian todo,
lo que soy y tengo

miércoles, 5 de octubre de 2011

amarillo profundo



idealizo,
lo veo perfecto
y no lo conozco.

Me molesto conmigo misma,
con la idiotez que me agarra,
con la perfección que veo en el otro.
Siempre hay errores,
pero hasta que no choco contra la pared,
no los veo.

Me enojo conmigo misma,
me siento pobre,
de lo que no tengo
y no logro conseguir.
Todo queda en pensamiento.
Y me convenzo con el futuro,
que todo lo que quiero va a ir llegando,
que hay que esperar.
Pero de eso se trata mi vida,
de esperar todo,
de mirar y desear con ojos bien cerrados que aparezca algo.
Ese algo que no se explica,
y con una escencia a incierto y melancolía pura.
Me quiero bien,
y quedo en mediocridad.
La mediocridad de lo absoluto